
Ni siquiera la creciente detenía las ganas de jugar
Hubo una época en la que esta escena era parte de la vida cotidiana en Gambote. Cada temporada de inundación, el campo de fútbol quedaba cubierto por el agua, para muchos habría sido motivo para quedarse en casa, pero para los niños del pueblo era simplemente una cancha diferente, con el agua hasta los tobillos, el balón seguía rodando entre risas y goles improvisados.
Esta foto retrata la capacidad de una generación para encontrar alegría en medio de las dificultades. Sin importar el estado de la cancha, siempre había espacio para un partido, porque la pasión por el fútbol era más fuerte que cualquier obstáculo.
La creciente cambiaba el paisaje, pero nunca las ganas de jugar.
Hoy, esta imagen despierta algo de nostalgia de quienes alguna vez jugaron en la cancha en ese estado, regresando a casa llenos de barro, pero con la satisfacción de haber disfrutado una tarde con sus amigos.
El Canal del Dique marcaba el ritmo de la vida del pueblo pero, ni siquiera las inundaciones quitaban las ganas de jugar 💙⚽🌊
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